Siempre debiéramos tener a mano, un minuto de placer,
una sonrisa de paso, un motivo suficiente y un desayuno
sin prisas al amanecer, un comenzar y un después, un
sendero bien recorrido, debiéramos siempre tener, alegría
a mares, y una pasión en las tardes, una canción que te
hable, un colchón donde dormir y un rincón donde ser
feliz, una llamada a tiempo, un amigo de conciertos, una
carta sin profecías, muchos besos en las heridas y más
de cien versos inolvidables, una esperanza dispuesta, un
amor sin etiquetas, desnudo, un te quiero en un susurro,
alguna historia indecente, y bajo llave a la muerte, más
amigos y menos gente, y muchos recuerdos sin nostalgia,
un milagro concedido, miles de abrazos cuando hace
frío, treinta horas en un día, y el siguiente despertar
esperando, a este lado de la vida.
Nacido en Madrid (España) en el año 1953, con historias por vivir y contar, otras por leer, escuchar y aprender, en mi, a menudo la ilusión prolonga el sentido del paso del tiempo, lo retrasa y dilata para que goce aún más de él, un equilibrio éste difícil de alcanzar, y que no me resigno a dejar de intentarlo, día tras día.
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lunes, 4 de febrero de 2013
martes, 13 de noviembre de 2012
Mis trece años
Diez de pipas en los bolsillos, pantalón corto,
calcetines bajados, para merendar pan con aceite
y azúcar, para cenar las sobras del sábado, para
vivir, mis trece años.
La sombra sombría de un interior, la luz encendida
del comedor, por los patios las radios gritando,
el agua caliente en un barreño, medio cuerpo lavado,
la hora de comer un jolgorio, la compra de mercado,
la siesta sagrada de mi padre, en invierno y en verano.
Los juegos, de calle y sudando como había de ser,
las rodillas con barro, las escaleras de cuatro en
cuatro, las mentiras al día, el pavo aún lejano, las
chicas prohibidas, los sueños alborotados, aquella
novia que nunca abracé, mi deseo más deseado,
hubiera cruzado el mundo por besarla, y nunca la
besé después de haberlo cruzado.
Estudios de ninguna esperanza, aprendiz sin el
bachillerato, las tentaciones de una revista abierta,
noche a noche me fueron mojando.
Los domingos pellas sin misa, los viernes
en fila al confesionario, los pecados de mis
desahogos, jamás fueron confesados.
De vuelta a casa dos besos, y a dormir más que
apretados, mis vicios menos compartidos, nunca
lo fueron con mis hermanos.
Y después de aquello hoy me confieso, a ningún
Dios ni a sus becarios, bastaron diez minutos frente
a un espejo, para volver a mis trece años.
calcetines bajados, para merendar pan con aceite
y azúcar, para cenar las sobras del sábado, para
vivir, mis trece años.
La sombra sombría de un interior, la luz encendida
del comedor, por los patios las radios gritando,
el agua caliente en un barreño, medio cuerpo lavado,
la hora de comer un jolgorio, la compra de mercado,
la siesta sagrada de mi padre, en invierno y en verano.
Los juegos, de calle y sudando como había de ser,
las rodillas con barro, las escaleras de cuatro en
cuatro, las mentiras al día, el pavo aún lejano, las
chicas prohibidas, los sueños alborotados, aquella
novia que nunca abracé, mi deseo más deseado,
hubiera cruzado el mundo por besarla, y nunca la
besé después de haberlo cruzado.
Estudios de ninguna esperanza, aprendiz sin el
bachillerato, las tentaciones de una revista abierta,
noche a noche me fueron mojando.
Los domingos pellas sin misa, los viernes
en fila al confesionario, los pecados de mis
desahogos, jamás fueron confesados.
De vuelta a casa dos besos, y a dormir más que
apretados, mis vicios menos compartidos, nunca
lo fueron con mis hermanos.
Y después de aquello hoy me confieso, a ningún
Dios ni a sus becarios, bastaron diez minutos frente
a un espejo, para volver a mis trece años.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Eterna despedida
Un día tal que hoy, se me fue la vida como a ti
pero no tanto, y desde aquel entonces a menudo
paso por alto pensarte como mereces, no me
preguntes como y sin embargo, te siento y te
extraño y sé, que no volveré a verte jamás, y por
eso muero por aquel calor, el mismo que prendió
mi vida en ti a pesar del frío.
Heredé tus ganas de ser, lo que soy y seré y otras
cosas que me guardo, te fuiste al amanecer a un
viaje que no esperabas, tu vida y la muerte
quedaron a tus espaldas, y fuiste una invitada de
piedra a una sentencia injusta, dejaste huérfana
a tu soledad, y desde entonces habita en mi casa,
y se sienta en mis rodillas y me cuenta, pero se
olvida. Háblame sin pronunciar palabra, acaricia
mi silencio.
Se que ya no podrá ser, o al menos eso creo.
En esta carta que te escribo y mil veces empecé,
dejo amargura y pesar, se que quisieras verme
sonreir, pero hoy detuve el tiempo en el recuerdo,
y la pena regresó, y ardió de nuevo el dolor de
aquellos días sin vida. Quizás hoy por fin me diga
adiós, esta eterna despedida.
A mis últimos besos le faltaron tus besos.
pero no tanto, y desde aquel entonces a menudo
paso por alto pensarte como mereces, no me
preguntes como y sin embargo, te siento y te
extraño y sé, que no volveré a verte jamás, y por
eso muero por aquel calor, el mismo que prendió
mi vida en ti a pesar del frío.
Heredé tus ganas de ser, lo que soy y seré y otras
cosas que me guardo, te fuiste al amanecer a un
viaje que no esperabas, tu vida y la muerte
quedaron a tus espaldas, y fuiste una invitada de
piedra a una sentencia injusta, dejaste huérfana
a tu soledad, y desde entonces habita en mi casa,
y se sienta en mis rodillas y me cuenta, pero se
olvida. Háblame sin pronunciar palabra, acaricia
mi silencio.
Se que ya no podrá ser, o al menos eso creo.
En esta carta que te escribo y mil veces empecé,
dejo amargura y pesar, se que quisieras verme
sonreir, pero hoy detuve el tiempo en el recuerdo,
y la pena regresó, y ardió de nuevo el dolor de
aquellos días sin vida. Quizás hoy por fin me diga
adiós, esta eterna despedida.
A mis últimos besos le faltaron tus besos.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Salgo de mi
Salgo a ese camino virgen que no he de pisar,
seguro de que mi pensamiento no ha de borrar
huellas que no sean las mías, a saludar a esa
letanía que aún no ha llegado, a desnudar la
pereza, a redimir la tristeza.
Salgo a indultar ese sueño por escribir, a olvidar el
porvenir que atrás quedó, a buscar la esperanza
que hoy me dio esquinazo, a tentar a ciegas
amores y abrazos, a probar la suerte en balde,
y a regresar a esa tierra de nadie.
Salgo a buscar esa fragancia imposible y olvidada,
a escapar de ese adiós que vendrá, y a llorar, que
es más que probable, a perderme en lo insaciable,
a enredarme en el próximo pasado, a escribir en
los tejados.
Salgo a salir un tiempo de mi, y a descubrirme a
poco que me pase, a cruzarme contigo una y mil
veces más, a encontrarme con la soledad, y a
pararme frente al mismo escaparate de siempre,
para deshacerme en este inútil deseo.
Salgo a dilatar mis excesos, buscándote entre
todas, a reconocer a la aurora de nuestro último
amanecer, a recuperar el ayer, y a musicar las
penurias de los últimos versos que escribí, a
no pensar, a vivir.
Salgo a sonreir y entre tanto, salgo a salvar de
la quema a los fracasos, a brindar con el mejor
de los vinos, y a vaciar mis bolsillos de ansiedades,
a contar las mentiras en un estribillo, a cantar a
medias las verdades.
Salgo como he dicho, a encontrarme.
seguro de que mi pensamiento no ha de borrar
huellas que no sean las mías, a saludar a esa
letanía que aún no ha llegado, a desnudar la
pereza, a redimir la tristeza.
Salgo a indultar ese sueño por escribir, a olvidar el
porvenir que atrás quedó, a buscar la esperanza
que hoy me dio esquinazo, a tentar a ciegas
amores y abrazos, a probar la suerte en balde,
y a regresar a esa tierra de nadie.
Salgo a buscar esa fragancia imposible y olvidada,
a escapar de ese adiós que vendrá, y a llorar, que
es más que probable, a perderme en lo insaciable,
a enredarme en el próximo pasado, a escribir en
los tejados.
Salgo a salir un tiempo de mi, y a descubrirme a
poco que me pase, a cruzarme contigo una y mil
veces más, a encontrarme con la soledad, y a
pararme frente al mismo escaparate de siempre,
para deshacerme en este inútil deseo.
Salgo a dilatar mis excesos, buscándote entre
todas, a reconocer a la aurora de nuestro último
amanecer, a recuperar el ayer, y a musicar las
penurias de los últimos versos que escribí, a
no pensar, a vivir.
Salgo a sonreir y entre tanto, salgo a salvar de
la quema a los fracasos, a brindar con el mejor
de los vinos, y a vaciar mis bolsillos de ansiedades,
a contar las mentiras en un estribillo, a cantar a
medias las verdades.
Salgo como he dicho, a encontrarme.
viernes, 5 de octubre de 2012
Ese martes pasado
Las casas espesas y las calles ligeras, el miedo ausente,
y las esperanzas llenas de esperanza, las gargantas
rotas, los pies cansados de sujetar un cuerpo al paso,
la ansiedad a tiro de otros, el murmullo silencioso y
los gritos en las esquinas, por un sueño al despertar.
La ciudad entre cuatro calles, los gritos al aire y
el tiempo a otro lado, a otro tiempo, a un tiempo
pasado, la soledad vacía y ausente, sola, la alegría
de tantas bocas encuentran la calma por unos
instantes, la eternidad tiene las horas contadas.
Las canciones de unos por todos cantadas, los ojos
vidriosos de quien no se cree mayor, la razón que
lucha a la desesperada, la parada que inquieta a los
sentidos, el olor a revolución, el caminar por el mismo
camino, el codo a codo, el amanecer al anochecer.
Y tú y yo en medio, ausentes, entre sábanas de
noche y hambre al derroche que no pudimos dejar
pasar, y ese mirar hacia todos lados, para olvidar
el presente y comerte hasta las entrañas, ese querer
que mañana, no haya sido todo un sueño hoy.
Ese sudor del después, y esa carne de tu carne a
la espera del próximo placer, esa espalda que se me
antoja, esa realidad que ya afloja y se lleva todo
lo que soy, ese polvo ya quemado, esa calle llena
de gente que pasó a nuestro lado, ese martes pasado.
y las esperanzas llenas de esperanza, las gargantas
rotas, los pies cansados de sujetar un cuerpo al paso,
la ansiedad a tiro de otros, el murmullo silencioso y
los gritos en las esquinas, por un sueño al despertar.
La ciudad entre cuatro calles, los gritos al aire y
el tiempo a otro lado, a otro tiempo, a un tiempo
pasado, la soledad vacía y ausente, sola, la alegría
de tantas bocas encuentran la calma por unos
instantes, la eternidad tiene las horas contadas.
Las canciones de unos por todos cantadas, los ojos
vidriosos de quien no se cree mayor, la razón que
lucha a la desesperada, la parada que inquieta a los
sentidos, el olor a revolución, el caminar por el mismo
camino, el codo a codo, el amanecer al anochecer.
Y tú y yo en medio, ausentes, entre sábanas de
noche y hambre al derroche que no pudimos dejar
pasar, y ese mirar hacia todos lados, para olvidar
el presente y comerte hasta las entrañas, ese querer
que mañana, no haya sido todo un sueño hoy.
Ese sudor del después, y esa carne de tu carne a
la espera del próximo placer, esa espalda que se me
antoja, esa realidad que ya afloja y se lleva todo
lo que soy, ese polvo ya quemado, esa calle llena
de gente que pasó a nuestro lado, ese martes pasado.
Etiquetas:
Antonio Sanz,
Ese martes pasado,
poesía
martes, 11 de septiembre de 2012
Duelo
Estas despedidas que te dividen entre la tristeza
y la ansiedad, que dejan al sueño dormido por si
hubiera un despertar, ese volver imposible, ese
penar, ese dolor entre silencios que no entiende de
olvidos y se acomoda en ti.
y la ansiedad, que dejan al sueño dormido por si
hubiera un despertar, ese volver imposible, ese
penar, ese dolor entre silencios que no entiende de
olvidos y se acomoda en ti.
Estas despedidas sin ningún porvenir que duelen
y confunden, que te hunden en la realidad, que se
beben el tiempo de un trago y te llenan de sombras,
esa soledad que te nombra, ese vacío inmenso, esa
ausencia, ese no puedo.
y confunden, que te hunden en la realidad, que se
beben el tiempo de un trago y te llenan de sombras,
esa soledad que te nombra, ese vacío inmenso, esa
ausencia, ese no puedo.
Estas despedidas sin tiempo con palabras dichas
y por decir, ese amanecer que te enloquece y ese
lloro que te protege, esa música sin baile, esos
rezos al aire, esa falta de vida cuando respiras,
ese beso a la muerte cuando suspiras.
y por decir, ese amanecer que te enloquece y ese
lloro que te protege, esa música sin baile, esos
rezos al aire, esa falta de vida cuando respiras,
ese beso a la muerte cuando suspiras.
Estas despedidas desconsoladas y ese miedo a la nada,
esos paréntesis en la rutina, esa vida no vivida, ese
verano otoñal, ese invierno que vendrá, esa primavera
hoy lejana, ese volver a empezar, esa sonrisa ausente,
ese pasado sin futuro, este oscuro presente.
esos paréntesis en la rutina, esa vida no vivida, ese
verano otoñal, ese invierno que vendrá, esa primavera
hoy lejana, ese volver a empezar, esa sonrisa ausente,
ese pasado sin futuro, este oscuro presente.
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