Hoy el día anda medio gris, como se
corresponde y corresponde ser, frío
como el norte o como el desamparo,
y tú tan solo a nada de mi, me das tu
sabor con un beso de la noche pasada.
Que distinto el amanecer que nos queda
ya lejos, el día que ya pasó, y la miel que
endulzó las yemas de mis dedos, los
que ayer perdidos andaban buscando
un sitio por el laberinto de tu piel. Que
distraída la aurora que no clareó sobre
los tejados de esta ciudad, y que golfa
esa hora en que una copa de vino soltaba
amarras rumbo al infinito de tu cuerpo,
y que lujuria beberme mi sed a besos.
Hay vida entre otras vidas, pero en ese
universo de dos, sobraron todos menos
el silencio, ahora todo pasó y el olvido
se me escapa por la boca, como el
miedo en un salto al vacío, y después
la nada, y todo fue pero ya no es, y las
horas aceleraron el paso para llegar a su
cita con el reloj, y puntualmente venció el
tiempo, en que tuvimos que decirnos adiós.
Nacido en Madrid (España) en el año 1953, con historias por vivir y contar, otras por leer, escuchar y aprender, en mi, a menudo la ilusión prolonga el sentido del paso del tiempo, lo retrasa y dilata para que goce aún más de él, un equilibrio éste difícil de alcanzar, y que no me resigno a dejar de intentarlo, día tras día.
viernes, 23 de marzo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
A ellas
No sabía que hoy es vuestro día, tan solo se, que vosotras estáis en todos los días de mi vida.
viernes, 24 de febrero de 2012
Sucedió en Escocia
a un puñado de días con mi hija María Elena...
Sucede a veces y tuve esa sensación después, que uno camina descalzo por la vida, que la sientes bajo tus pies y a tus pies, y que esa fuente de alivio no se agota y a borbotones te alborota, que las horas se hacen cortas y los días eternos, y que aún no acabó ese invierno de treinta días ni ese recreo de placer, que ese orgasmo remueve tus vísceras y que nada importa, que podrías escribir mil idioteces en solfa, saltar sin levantar un palmo, y hasta escuchar la música bailando que en mí ya es decir, y caer rendido un día más abrazado a ella.
Sucede a veces y tuve esa sensación después, que en nuestro viaje derramamos lágrimas de dicha que hoy navegan, por el Lago Ness
lunes, 6 de febrero de 2012
Apagué la luz
Apagué la luz, para sentir tu presencia
y olvidar tu ausencia de tantos días,
hacer de tu compañía un instante especial.
Apagué la luz, para ocultar mi mentira y tu verdad,
y disfrutar a solas del sabor de tus recuerdos,
para redimir los placeres despiertos de aquel día.
Apagué la luz, para hacerte mía y presente, y
achicar distancias entre mis deseos y tu cuerpo,
y poseerte hasta donde pudo mi imaginación.
Apagué la luz, para abrír veda a mi lujuria insaciable,
y dar rienda suelta a mi pasión aturdida,
para disfrutar más que nunca de lo imposible.
Apagué la luz, para no agredir a mis ojos,
y echarte en falta una vez más, y llorar,
para eso y para mucho más, en la oscuridad.
Apagué la luz, para hacer mío éste milagro,
y sentirte de vuelta a puerto, sin novedad,
para calmar mi ansiedad que no promete.
Apagué la luz, para sentir tu presencia hoy,
porque hace ya que no eres mía una eternidad,
y a estas alturas, solo me queda el pasado.
Apagué la luz, y se hizo de día.
y olvidar tu ausencia de tantos días,
hacer de tu compañía un instante especial.
Apagué la luz, para ocultar mi mentira y tu verdad,
y disfrutar a solas del sabor de tus recuerdos,
para redimir los placeres despiertos de aquel día.
Apagué la luz, para hacerte mía y presente, y
achicar distancias entre mis deseos y tu cuerpo,
y poseerte hasta donde pudo mi imaginación.
Apagué la luz, para abrír veda a mi lujuria insaciable,
y dar rienda suelta a mi pasión aturdida,
para disfrutar más que nunca de lo imposible.
Apagué la luz, para no agredir a mis ojos,
y echarte en falta una vez más, y llorar,
para eso y para mucho más, en la oscuridad.
Apagué la luz, para hacer mío éste milagro,
y sentirte de vuelta a puerto, sin novedad,
para calmar mi ansiedad que no promete.
Apagué la luz, para sentir tu presencia hoy,
porque hace ya que no eres mía una eternidad,
y a estas alturas, solo me queda el pasado.
Apagué la luz, y se hizo de día.
jueves, 15 de diciembre de 2011
A una pared escrita
Sin fe para contar me pongo a ello,
y le robo al día un destello que se perdía,
un sentir que no salda deudas pendientes,
una lejanía que estaba en frente, y de las
paredes escritas tomo palabras prestadas,
entre colores descoloridos y líneas inclinadas,
la soledad se apropia de nombres repetidos
de historias inacabadas, y tú y yo ausentes.
En ese paseo a ningún lado de esa fuga hacia
el pasado, me distraje con burbujas de jabón,
de aquel rincón su espacio, de aquella espera
lo inesperado, de aquellos días aquel rato,
y de esa estación fría, el sueño y el desvelo,
de aquel regreso el no haberme marchado,
de aquellas prisas las sonrisas, y los mil lunares
como estrellas entre cuentas de un rosario.
Diez dedos pringados y un helado derretido,
el horario interrumpido por aquel obediente
reloj, cruda madrugada que nos marcó el
camino de vuelta y de ida, y esa pelea perdida
con la levedad de la nada y el todo, esos besos
sin modos, y el sexo bebido sorbo a sorbo,
ese mundo sin universo que vaga a la deriva,
ese quiero sin puedo, esa forma de vida.
Ese frescor al amanecer de una resaca, esa "flaca",
esas cervezas de la esperanza, y ese plato del día
que es todo un manjar, esa compañía que no
tiene precio, esa confesión frente al espejo, ese quien
da más, ese pensamiento que va y viene, ese placer
de los placeres, esos excesos de pelo en pecho,
esos recuerdos que nunca vuelven, esos olvidos
que siempre vienen, ese pecado que nunca lo fue.
y le robo al día un destello que se perdía,
un sentir que no salda deudas pendientes,
una lejanía que estaba en frente, y de las
paredes escritas tomo palabras prestadas,
entre colores descoloridos y líneas inclinadas,
la soledad se apropia de nombres repetidos
de historias inacabadas, y tú y yo ausentes.
En ese paseo a ningún lado de esa fuga hacia
el pasado, me distraje con burbujas de jabón,
de aquel rincón su espacio, de aquella espera
lo inesperado, de aquellos días aquel rato,
y de esa estación fría, el sueño y el desvelo,
de aquel regreso el no haberme marchado,
de aquellas prisas las sonrisas, y los mil lunares
como estrellas entre cuentas de un rosario.
Diez dedos pringados y un helado derretido,
el horario interrumpido por aquel obediente
reloj, cruda madrugada que nos marcó el
camino de vuelta y de ida, y esa pelea perdida
con la levedad de la nada y el todo, esos besos
sin modos, y el sexo bebido sorbo a sorbo,
ese mundo sin universo que vaga a la deriva,
ese quiero sin puedo, esa forma de vida.
Ese frescor al amanecer de una resaca, esa "flaca",
esas cervezas de la esperanza, y ese plato del día
que es todo un manjar, esa compañía que no
tiene precio, esa confesión frente al espejo, ese quien
da más, ese pensamiento que va y viene, ese placer
de los placeres, esos excesos de pelo en pecho,
esos recuerdos que nunca vuelven, esos olvidos
que siempre vienen, ese pecado que nunca lo fue.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Nada como ser
Nada como la caricia del viento
o que te adormezca el sol,
y te sorprenda la noche
para mostrarte el camino hacia
donde, y que me estudien tus manos,
y me caliente tu boca, me endulcen
tus labios, y nos sobre la ropa, me
sacie la miel que llevas dentro,
y descansar en tu pecho a recordar los
recuerdos, serle infiel al destino en
cualquier momento, escucharme más,
a mi mismo, y de vez en cuando, hacer
lo que pienso, decir mil veces te espero,
vestir de diario a los domingos,
ajustarme para salir, el sombrero,
y reconocerme de reojo, hacer aquello
y lo contrario, y lo anterior de nuevo,
confundir a la primavera en verano,
despedir al otoño en invierno,
contar los días que no han pasado,
morder de cuando en vez, el suelo.
Nada como ser.
o que te adormezca el sol,
y te sorprenda la noche
para mostrarte el camino hacia
donde, y que me estudien tus manos,
y me caliente tu boca, me endulcen
tus labios, y nos sobre la ropa, me
sacie la miel que llevas dentro,
y descansar en tu pecho a recordar los
recuerdos, serle infiel al destino en
cualquier momento, escucharme más,
a mi mismo, y de vez en cuando, hacer
lo que pienso, decir mil veces te espero,
vestir de diario a los domingos,
ajustarme para salir, el sombrero,
y reconocerme de reojo, hacer aquello
y lo contrario, y lo anterior de nuevo,
confundir a la primavera en verano,
despedir al otoño en invierno,
contar los días que no han pasado,
morder de cuando en vez, el suelo.
Nada como ser.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Preso
Preso de la esperanza sin tiempo,
del desvelo sin sueño, de un abrazo
al desconsuelo en una noche al raso,
del sabor que dejan los fracasos.
Preso de la desidia, del arrebato,
del plato y la cuchara con la que has
de comer, del saber o no saber,
de las caminatas que agotan el alma.
Preso de la calma que me trae la quietud,
de la virtud que a menudo es pecado,
de no alzar el vuelo, del paso a paso, de
palabras y promesas, de besos sin abrazos.
Preso de las caricias al aire, del ayer, de la luz
de entretelas que se apaga antes de prender,
de ese anochecer que ciega a los ojos,
del antojo de esfumarte al atardecer.
Preso de un deseo que nunca compartes,
de la cobardía que habita en los cobardes,
del peldaño que siempre queda por subir,
de sentir nostalgia por lo que nunca viví.
Preso de la aurora que empuja a la noche,
de la luna que no me hizo reproches,
de la oscuridad de las mañanas, del
hueco de tu cuerpo entre las sábanas.
Preso de la fe que no movió una sola
montaña, de la maraña que a vueltas me
envolvió, del dolor que no dolió, de la
esperanza perdida entre Gran Vía y Sol.
Preso de los lunares de tu espalda, de
la cremallera de tu falda, de los
paseos por los pasillos, de las canciones
sin estribillo, del calor de este otoño.
Preso de la melancolía, del futuro sin vía,
de la última verdad que fue mentira,
Preso de las noches sin los días, de las
dudas eternas, de las respuestas vacías.
del desvelo sin sueño, de un abrazo
al desconsuelo en una noche al raso,
del sabor que dejan los fracasos.
Preso de la desidia, del arrebato,
del plato y la cuchara con la que has
de comer, del saber o no saber,
de las caminatas que agotan el alma.
Preso de la calma que me trae la quietud,
de la virtud que a menudo es pecado,
de no alzar el vuelo, del paso a paso, de
palabras y promesas, de besos sin abrazos.
Preso de las caricias al aire, del ayer, de la luz
de entretelas que se apaga antes de prender,
de ese anochecer que ciega a los ojos,
del antojo de esfumarte al atardecer.
Preso de un deseo que nunca compartes,
de la cobardía que habita en los cobardes,
del peldaño que siempre queda por subir,
de sentir nostalgia por lo que nunca viví.
Preso de la aurora que empuja a la noche,
de la luna que no me hizo reproches,
de la oscuridad de las mañanas, del
hueco de tu cuerpo entre las sábanas.
Preso de la fe que no movió una sola
montaña, de la maraña que a vueltas me
envolvió, del dolor que no dolió, de la
esperanza perdida entre Gran Vía y Sol.
Preso de los lunares de tu espalda, de
la cremallera de tu falda, de los
paseos por los pasillos, de las canciones
sin estribillo, del calor de este otoño.
Preso de la melancolía, del futuro sin vía,
de la última verdad que fue mentira,
Preso de las noches sin los días, de las
dudas eternas, de las respuestas vacías.
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