Entre ellos y por unas semanas, viví
atado a la melancolía de unos años que
ya no volverán, entre ellos he sufrido y
amado como sin que lo supieran, me
he roto por dentro y por fuera, para
siquiera intercambiar cuatro palabras
de esas que tanto gasto.
Duchas entre un glamour tendido y
lavado, y con la sonrisa de un hombre
que ya no huele a juventud, he cocinado,
y compartido entre migas y cacharros,
comida de tres días, pizzas del siguiente
sábado, y lo peor siempre por venir, y
lo mejor, ese azúcar salado con sabor a
vitaminas A, B y C.
En Babel se friegan platos con champú
al huevo. He acariciado sonrisas, he
besado abrazos, y me han servido en
bandejas de barro, un café con mil
sonrisas y un bizcocho con sabor a
asado. He compartido algo más que
un piso, con seis locos a diario, y los
viernes ciento y tantos, hemos jugado
al parchís sin hachís, sin porros y casi
sin tabaco, juventud perdida dicen?,
pues como la de antaño, como siempre
y siempre ha sido y ha de ser, unos
viviendo y otros criticando, más bien,
puta envidia cochina de algunos
trasnochados.
Hoy en Berlín hizo frío, más frío que
aquel verano, y volví a Madrid ese
jueves, y a mi hija Sara, la dejé en
sus brazos, ya me toca cama caliente,
y un baño a treinta y seis grados,
primer plato segundo y postre, y
otro postre de vez en cuando, pero
quien tuviera trigo en la piel, miel
en los labios, años en la mochila,
futuros lejanos, seiscientos euros
por mes, meses a diario, amores
de dos noches, noches de tres años,
quien tuviera vecinos como estos,
en cualquier lado.
Nacido en Madrid (España) en el año 1953, con historias por vivir y contar, otras por leer, escuchar y aprender, en mi, a menudo la ilusión prolonga el sentido del paso del tiempo, lo retrasa y dilata para que goce aún más de él, un equilibrio éste difícil de alcanzar, y que no me resigno a dejar de intentarlo, día tras día.
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martes, 3 de abril de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
Sucedió en Escocia
a un puñado de días con mi hija María Elena...
Sucede a veces y tuve esa sensación después, que uno camina descalzo por la vida, que la sientes bajo tus pies y a tus pies, y que esa fuente de alivio no se agota y a borbotones te alborota, que las horas se hacen cortas y los días eternos, y que aún no acabó ese invierno de treinta días ni ese recreo de placer, que ese orgasmo remueve tus vísceras y que nada importa, que podrías escribir mil idioteces en solfa, saltar sin levantar un palmo, y hasta escuchar la música bailando que en mí ya es decir, y caer rendido un día más abrazado a ella.
Sucede a veces y tuve esa sensación después, que en nuestro viaje derramamos lágrimas de dicha que hoy navegan, por el Lago Ness
viernes, 2 de septiembre de 2011
A mi hija Sara
Seguro que te echaré de menos, más que
a mi mismo, ya no podré buscarte para
mirarte y encontrarme, ni descansaré
tranquilo sabiendo que desordenas tus
cosas en otra habitación.
Al menos me queda la intención de
saberte feliz, devorando los días como
si estuvieran aún por llegar, atrapando
los momentos al temblor de tu cuerpo,
y naciendo cada día.
Saber que te espera lo que no esperas,
es comulgar con la vida, es despistar a la
monotonía, es regalarte la palabra esperanza,
es despertar a la ilusión que hace tiempo
duerme bajo tu almohada.
Al café de la mañana pídele de todo, al
bajar las escaleras, subirlas con ganas,
a las preguntas, sonrisas, a las respuestas,
batallas ganadas, a los recuerdos, tu reposo,
a tus ojos, esas miradas.
Mañana tocará otra cosa, quizás saltar
otra muralla, o meditar en la noche a la orilla
de la mañana, pero lo de hoy es tu palabra,
tantas veces en puertas de nada, lo de hoy,
es tu vida y mi esperanza.
Nos dijimos adios en el aeropuerto, nos
regalamos, miradas, abrazos y besos,
no se que me pasa, que en las despedidas
siempre me echo de menos, sobrevivimos a
este jueves, que venga si quiere el invierno.
Te quiero
a mi mismo, ya no podré buscarte para
mirarte y encontrarme, ni descansaré
tranquilo sabiendo que desordenas tus
cosas en otra habitación.
Al menos me queda la intención de
saberte feliz, devorando los días como
si estuvieran aún por llegar, atrapando
los momentos al temblor de tu cuerpo,
y naciendo cada día.
Saber que te espera lo que no esperas,
es comulgar con la vida, es despistar a la
monotonía, es regalarte la palabra esperanza,
es despertar a la ilusión que hace tiempo
duerme bajo tu almohada.
Al café de la mañana pídele de todo, al
bajar las escaleras, subirlas con ganas,
a las preguntas, sonrisas, a las respuestas,
batallas ganadas, a los recuerdos, tu reposo,
a tus ojos, esas miradas.
Mañana tocará otra cosa, quizás saltar
otra muralla, o meditar en la noche a la orilla
de la mañana, pero lo de hoy es tu palabra,
tantas veces en puertas de nada, lo de hoy,
es tu vida y mi esperanza.
Nos dijimos adios en el aeropuerto, nos
regalamos, miradas, abrazos y besos,
no se que me pasa, que en las despedidas
siempre me echo de menos, sobrevivimos a
este jueves, que venga si quiere el invierno.
Te quiero
lunes, 15 de agosto de 2011
Mi barrio en fiestas
La tarde se hacía calurosa aunque pasaban ya de las ocho, había paseado por las viejas calles de mi barrio que hoy son el santo y seña de esta ciudad, y había estado observando su colorido, sus guirnaldas de papel, sus Mantones de Manila colgados y cruzando las calles de lado a lado, para dar brillo y sabor a estas fiestas de La Virgen de La Paloma, los bares preparando sus tenderetes a la calle, las luces, sus terrazas a las aceras, las sillas las mesas, los altavoces que luego en la noche atronarán nuestros oídos, la pista de baile popular, la decoración verbenera invadía cada uno de los locales, los balcones que dan a las calles, y así Calatrava, Humilladero, La Paloma, el Angel, Luciente, Sierpes, la Cebada, Águila, Mediodía Chica, Mediodía Grande, Oriente, Tabernillas, Toledo, y otras muchas, todas y cada una de ellas tomadas por el pueblo para su uso y disfrute, un placer para los sentidos, para todos y cada uno de ellos, gentes de mil lugares, disfrutando de las mil músicas que sonaban, y de la alegría cuando ésta se comparte.
Había caminado tanto, que el cuerpo me pidió un descanso a cualquier precio, me senté en el quicio de un portal donde el frescor me entraba por la espalda y me daba la vida. Mientras miraba los adornos que quedaban a la altura de mi mirada, apoyado contra la pared y vencido, quizás por la ingestión de algunas cervezas, me fui quedando dormido poco a poco sin que nada pudiera ni quisiera hacer, de repente el eco de unas voces de chiquillos me despertaron unos años atrás, escuché golpes en la puerta con los tiernos nudillos de su mano, era mi amigo Carlos que me venía a buscar para decirme, que arriba en la azotea, me esperaba con su guitarra. Teníamos la llave de aquella gran habitación a la libertad, al sol, a la luna y a las estrellas, nuestra fábrica de sueños en un tiempo en que soñábamos todos los días, Dylan, Beatles, Stones, simplemente eran estrellas fugaces, que sabíamos existían pero nadie las había visto, algo así como el amor, del que algunos dicen lo mismo, eso sí, de vez en cuando se dejaban caer en alguna revista de peluquería de señoras, donde sus fotos las recortábamos para decorar las puerta de nuestra habitación, por cierto, que compartía con otros dos hermanos más, y claro, sus gustos eran otros, casi siempre con ojos, pechos y piernas muy bonitas, como yo les decía, vuestra pared parece la de un taller mecánico, y la tuya la de un mariconcete con esos tíos con pelos largos de mujer.
Pero ellos eran mis dioses, compraba y siempre escuchaba sus discos que giraban a las revoluciones de aquel entonces 33 ó 45 rpm, en un tocadiscos portátil Philips, alguna vez con un par de pesetas sobre la cabeza del brazo para que pisara bien los surcos y no saltara la canción y te volviera loco.
Todos los días, y después de inventarme una excusa que no convencía a nadie, mi madre me perdonaba de dormir la siesta, y con mi guitarra emprendía escaleras arriba en busca de Carlos, y allí como dos disciplinados músicos, ensayábamos nuestro repertorio, que era la envidia de nuestros amigos, canciones como Perfidia, la Yenka, Flamenco, o Twist And Shout, Keep on Running, pero sin saber ni papa de inglés, ponían a prueba, nuestros cortos dedos estirándose para poner acordes aprendidos días atrás, y a nuestras voces para cantar dios sabe en que tono.
De vez en cuando, había que tener cuidado con la señora Gloria, quien más de una vez subía a la azotea para comprobar si las voces y los ruidos que ella dudaba escuchar, provenían de arriba, menos mal que nosotros sentíamos sus andares de tres piernas, una de ellas su garrota, y nos daba tiempo a escondernos tras la ropa tendida que horas antes había dejado nuestras madres para secarse al sol.
Más tarde, las voces de nuestros amigos se oían por el hueco de la escalera, llamándonos y silbándonos, para jugar al "rescate" o a "la madre que es tonta", al "bote bolero", para fastidio de esas siestas veraniegas de la vecindad, incluidas las de nuestros padres, quienes a veces salían por las corralas sujetándose los pantalones con sus manos, y poner voz en grito maldiciendo a los chiquillos en tono amenazante, que no les quedaba otra que salir corriendo por el portal. Nosotros cuando atemperaba todo, entrábamos por la ventana de la habitación de Carlos mi amigo, que estaba entreabierta y daba a la corrala, dejábamos allí las guitarras, y bajábamos las escaleras de tres en tres para reunirnos con ellos a jugar.
Un pelotazo en mis piernas me despierta de ese viaje a mi niñez, y con una sonrisa devuelvo la pelota a esos niños, entre los que en otros tiempos, estuve yo.
sábado, 9 de abril de 2011
Gracias, Ismael Serrano
Hay días en que alguien que si esperas, te da un abrazo de palabras, te levanta de tu perezosa cama, y te canta canciones que no compuso para ti, hay lugares en que nos juntamos gentes diferentes que tenemos algo en común, hay momentos mágicos e irrepetibles, que crean los magos de palabras y de canciones, hay un tiempo que no pasa, porque se queda contigo, hay veces que el diario se hace festivo, hay trovadores de la vida que te atrapan con sus historias hechas canciones, y te endulzan el alma.
Gracias Ismael por tu concierto de ayer en Madrid, por regalarnos ese trabajo bien hecho, esas canciones nuevas y que sin embargo son las de siempre, las que esperamos de ti, gracias por tu generosidad en el escenario y por tu buen gusto, por hacer del día de ayer una noche inolvidable, y sobre todo por tu mensaje "acuérdate de vivir", todo un consejo sin fecha de caducidad.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Tal que ahora en Edimburgo
Estamos en el salón, y atardeciendo aún, aprovechamos la casi perdida luz del dia, mi hija María Elena y yo nos tomamos un café y lo acompañamos con una larga charla buscada a conciencia, los cristales empañados por el calor de la habitación y la humedad y frio del exterior, dejan leer palabras y frases resucitadas que otras gentes dejaron aquí, y apuesto que nunca olvidadas. Con aún mucho por contarnos, decidimos encaramamos en cada una de las puntas del sofá a leer, nuestras piernas se cruzan y una manta las abriga, ambos levantamos nuestras miradas al menor ademán o gesto, y surge un comentario trivial que hace saltar por los aires nuestros pensamientos, pero nuestra cara expresa un interés especial por lo que en ese instante nos decimos, sin duda apostamos por exprimir todo el jugo al momento y disfrutarlo. Instantes así, no se dan todos los días.
En pocos minutos la noche caerá, y marcará su posesión y sus normas, y la magia de este espacio en tierra de nadie, verá caer el telón, y solo repetirá función en nuestro recuerdo. Gracias que este escenario lo contempla, esta ciudad cercana y hermosa, donde la tibiedad del sol, la da una resplandor apagado que te sumerge en una melancolia permanente, a tiempo de despertar emociones perdidas.
Y mañana? ......mañana será otro día.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Mi primer concierto
Ayer fue mi primer concierto,
Como mi primer día de vida,
Como mi primera caricia,
Como mi primera sonrisa,
Como mi primer día de clase,
Como mi primera comunión,
Como mi primer día con traje,
Como mi primera canción,
Como mi primer beso en otros labios,
Como mi primera devoción,
Como mi primera chica en un cine,
Como mi primer abrazo sin pudor,
Como mi primera carta de novios,
Como mi primer poema de amor,
Como mi primer juramento aquel día,
Como mi primer cigarro con tos,
Como mi primer sudor de manos,
Como mi primer temblor de voz,
Como mi primera explosión de los sentidos,
Como mi primera fiesta con alcohol,
Como mis primeras lágrimas de alegría,
Como mis primeras lágrimas de dolor.
Así lo viví y así lo sentí,
A todos los que estuvieron conmigo,
Gracias de todo corazón.
Como mi primer día de vida,
Como mi primera caricia,
Como mi primera sonrisa,
Como mi primer día de clase,
Como mi primera comunión,
Como mi primer día con traje,
Como mi primera canción,
Como mi primer beso en otros labios,
Como mi primera devoción,
Como mi primera chica en un cine,
Como mi primer abrazo sin pudor,
Como mi primera carta de novios,
Como mi primer poema de amor,
Como mi primer juramento aquel día,
Como mi primer cigarro con tos,
Como mi primer sudor de manos,
Como mi primer temblor de voz,
Como mi primera explosión de los sentidos,
Como mi primera fiesta con alcohol,
Como mis primeras lágrimas de alegría,
Como mis primeras lágrimas de dolor.
Así lo viví y así lo sentí,
A todos los que estuvieron conmigo,
Gracias de todo corazón.
viernes, 29 de octubre de 2010
A un día 25 de Octubre de 2010
Pudiera querer que ayer hubiese durado algo más la noche, o quizás no haber arrancado la hoja de mi calendario. Podría querer, haber detenido el tiempo justo en el momento en que Diego, Marwan y yo, compartíamos palabras, mesa y mantel.
Podría querer invertir algunas locuras en mi, después de saber que soy lo que soy, porque fui lo que fui. Podría querer no olvidar, lo dicho y no escrito en la Sacristía de ese Café Santuario de Madrid, donde se celebran liturgias cantadas a diario.
Podría querer hacer presentes, las energías de tanto abrazo y recetas de consejos, o de los nervios en la piel de mis flores más preciadas. Podría querer que perduren, estas horas en mi abecedario, y se guarden en la memoria como un recuerdo imborrable, en el estreno de mi primer escenario.
Podría querer invertir algunas locuras en mi, después de saber que soy lo que soy, porque fui lo que fui. Podría querer no olvidar, lo dicho y no escrito en la Sacristía de ese Café Santuario de Madrid, donde se celebran liturgias cantadas a diario.
Podría querer hacer presentes, las energías de tanto abrazo y recetas de consejos, o de los nervios en la piel de mis flores más preciadas. Podría querer que perduren, estas horas en mi abecedario, y se guarden en la memoria como un recuerdo imborrable, en el estreno de mi primer escenario.
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