Sin fe para contar me pongo a ello,
y le robo al día un destello que se perdía,
un sentir que no salda deudas pendientes,
una lejanía que estaba en frente, y de las
paredes escritas tomo palabras prestadas,
entre colores descoloridos y líneas inclinadas,
la soledad se apropia de nombres repetidos
de historias inacabadas, y tú y yo ausentes.
En ese paseo a ningún lado de esa fuga hacia
el pasado, me distraje con burbujas de jabón,
de aquel rincón su espacio, de aquella espera
lo inesperado, de aquellos días aquel rato,
y de esa estación fría, el sueño y el desvelo,
de aquel regreso el no haberme marchado,
de aquellas prisas las sonrisas, y los mil lunares
como estrellas entre cuentas de un rosario.
Diez dedos pringados y un helado derretido,
el horario interrumpido por aquel obediente
reloj, cruda madrugada que nos marcó el
camino de vuelta y de ida, y esa pelea perdida
con la levedad de la nada y el todo, esos besos
sin modos, y el sexo bebido sorbo a sorbo,
ese mundo sin universo que vaga a la deriva,
ese quiero sin puedo, esa forma de vida.
Ese frescor al amanecer de una resaca, esa "flaca",
esas cervezas de la esperanza, y ese plato del día
que es todo un manjar, esa compañía que no
tiene precio, esa confesión frente al espejo, ese quien
da más, ese pensamiento que va y viene, ese placer
de los placeres, esos excesos de pelo en pecho,
esos recuerdos que nunca vuelven, esos olvidos
que siempre vienen, ese pecado que nunca lo fue.
Nacido en Madrid (España) en el año 1953, con historias por vivir y contar, otras por leer, escuchar y aprender, en mi, a menudo la ilusión prolonga el sentido del paso del tiempo, lo retrasa y dilata para que goce aún más de él, un equilibrio éste difícil de alcanzar, y que no me resigno a dejar de intentarlo, día tras día.
jueves, 15 de diciembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
Nada como ser
Nada como la caricia del viento
o que te adormezca el sol,
y te sorprenda la noche
para mostrarte el camino hacia
donde, y que me estudien tus manos,
y me caliente tu boca, me endulcen
tus labios, y nos sobre la ropa, me
sacie la miel que llevas dentro,
y descansar en tu pecho a recordar los
recuerdos, serle infiel al destino en
cualquier momento, escucharme más,
a mi mismo, y de vez en cuando, hacer
lo que pienso, decir mil veces te espero,
vestir de diario a los domingos,
ajustarme para salir, el sombrero,
y reconocerme de reojo, hacer aquello
y lo contrario, y lo anterior de nuevo,
confundir a la primavera en verano,
despedir al otoño en invierno,
contar los días que no han pasado,
morder de cuando en vez, el suelo.
Nada como ser.
o que te adormezca el sol,
y te sorprenda la noche
para mostrarte el camino hacia
donde, y que me estudien tus manos,
y me caliente tu boca, me endulcen
tus labios, y nos sobre la ropa, me
sacie la miel que llevas dentro,
y descansar en tu pecho a recordar los
recuerdos, serle infiel al destino en
cualquier momento, escucharme más,
a mi mismo, y de vez en cuando, hacer
lo que pienso, decir mil veces te espero,
vestir de diario a los domingos,
ajustarme para salir, el sombrero,
y reconocerme de reojo, hacer aquello
y lo contrario, y lo anterior de nuevo,
confundir a la primavera en verano,
despedir al otoño en invierno,
contar los días que no han pasado,
morder de cuando en vez, el suelo.
Nada como ser.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Preso
Preso de la esperanza sin tiempo,
del desvelo sin sueño, de un abrazo
al desconsuelo en una noche al raso,
del sabor que dejan los fracasos.
Preso de la desidia, del arrebato,
del plato y la cuchara con la que has
de comer, del saber o no saber,
de las caminatas que agotan el alma.
Preso de la calma que me trae la quietud,
de la virtud que a menudo es pecado,
de no alzar el vuelo, del paso a paso, de
palabras y promesas, de besos sin abrazos.
Preso de las caricias al aire, del ayer, de la luz
de entretelas que se apaga antes de prender,
de ese anochecer que ciega a los ojos,
del antojo de esfumarte al atardecer.
Preso de un deseo que nunca compartes,
de la cobardía que habita en los cobardes,
del peldaño que siempre queda por subir,
de sentir nostalgia por lo que nunca viví.
Preso de la aurora que empuja a la noche,
de la luna que no me hizo reproches,
de la oscuridad de las mañanas, del
hueco de tu cuerpo entre las sábanas.
Preso de la fe que no movió una sola
montaña, de la maraña que a vueltas me
envolvió, del dolor que no dolió, de la
esperanza perdida entre Gran Vía y Sol.
Preso de los lunares de tu espalda, de
la cremallera de tu falda, de los
paseos por los pasillos, de las canciones
sin estribillo, del calor de este otoño.
Preso de la melancolía, del futuro sin vía,
de la última verdad que fue mentira,
Preso de las noches sin los días, de las
dudas eternas, de las respuestas vacías.
del desvelo sin sueño, de un abrazo
al desconsuelo en una noche al raso,
del sabor que dejan los fracasos.
Preso de la desidia, del arrebato,
del plato y la cuchara con la que has
de comer, del saber o no saber,
de las caminatas que agotan el alma.
Preso de la calma que me trae la quietud,
de la virtud que a menudo es pecado,
de no alzar el vuelo, del paso a paso, de
palabras y promesas, de besos sin abrazos.
Preso de las caricias al aire, del ayer, de la luz
de entretelas que se apaga antes de prender,
de ese anochecer que ciega a los ojos,
del antojo de esfumarte al atardecer.
Preso de un deseo que nunca compartes,
de la cobardía que habita en los cobardes,
del peldaño que siempre queda por subir,
de sentir nostalgia por lo que nunca viví.
Preso de la aurora que empuja a la noche,
de la luna que no me hizo reproches,
de la oscuridad de las mañanas, del
hueco de tu cuerpo entre las sábanas.
Preso de la fe que no movió una sola
montaña, de la maraña que a vueltas me
envolvió, del dolor que no dolió, de la
esperanza perdida entre Gran Vía y Sol.
Preso de los lunares de tu espalda, de
la cremallera de tu falda, de los
paseos por los pasillos, de las canciones
sin estribillo, del calor de este otoño.
Preso de la melancolía, del futuro sin vía,
de la última verdad que fue mentira,
Preso de las noches sin los días, de las
dudas eternas, de las respuestas vacías.
jueves, 13 de octubre de 2011
Para empezar
Me queda jugar contigo, y aún no apareces,
escribir mil veces que aún no he partido,
me quedan las palabras, apagar las voces,
encender la esperanza, me queda entender
los silencios, cruzar a la otra orilla, me queda,
el saber que mis razones se quedaron perdidas,
me quedan las carreteras, las líneas torcidas,
y las gentes que me encuentre, me queda el alivio,
mi sombrero y mi cepillo, mi equipaje descolorido,
llorar, me queda la ilusión de probar, y también
el olvido, las luces y las sombras, me quedan menos
enemigos, y mi guitarra medio rota, me quedan los
abrazos, mis canciones, los milagros, otra realidad,
me queda no cantarle a la primavera, descansar,
me queda volver a empezar.
escribir mil veces que aún no he partido,
me quedan las palabras, apagar las voces,
encender la esperanza, me queda entender
los silencios, cruzar a la otra orilla, me queda,
el saber que mis razones se quedaron perdidas,
me quedan las carreteras, las líneas torcidas,
y las gentes que me encuentre, me queda el alivio,
mi sombrero y mi cepillo, mi equipaje descolorido,
llorar, me queda la ilusión de probar, y también
el olvido, las luces y las sombras, me quedan menos
enemigos, y mi guitarra medio rota, me quedan los
abrazos, mis canciones, los milagros, otra realidad,
me queda no cantarle a la primavera, descansar,
me queda volver a empezar.
lunes, 3 de octubre de 2011
Cercana lejanía
Desde la distancia que me deja,
crear mis tiempos.
Desde la cercana lejanía,
de un hasta luego.
Desde la paz del silencio, que no
para de cantar.
Desde la quietud de sentirme,
nada frente al mar.
Desde el ahora, ayer vacío
y hoy presente.
Desde este grito, de quien
gritar no puede.
Desde esas ganas de amar
que hoy me encuentran.
Desde esa perdida deriva,
que me lleva.
Desde el paseo en las tardes,
por una alfombra de arena.
Desde este lunes para martes,
que me dejó estas prendas.
Desde el infinito y el horizonte,
que a veces se funden.
Desde el placer por entender,
la línea que los une.
Desde esta orilla inmensa, que
enmudece las penas.
Desde la casa en que nacieron,
los siete versos de este poema.
crear mis tiempos.
Desde la cercana lejanía,
de un hasta luego.
Desde la paz del silencio, que no
para de cantar.
Desde la quietud de sentirme,
nada frente al mar.
Desde el ahora, ayer vacío
y hoy presente.
Desde este grito, de quien
gritar no puede.
Desde esas ganas de amar
que hoy me encuentran.
Desde esa perdida deriva,
que me lleva.
Desde el paseo en las tardes,
por una alfombra de arena.
Desde este lunes para martes,
que me dejó estas prendas.
Desde el infinito y el horizonte,
que a veces se funden.
Desde el placer por entender,
la línea que los une.
Desde esta orilla inmensa, que
enmudece las penas.
Desde la casa en que nacieron,
los siete versos de este poema.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Espero
Te debo mucho más que un beso, y
algo menos que el esfuerzo de enebrar
la aguja cada día, para coserme a ti
y prenderme a la solapa de tu ilusión.
Te dedico el silencio de mis paseos, el
paseo de nuestras voces que no callan,
y este tiempo de hoy, que muy a mi pesar,
no puede comprar ese futuro cierto.
No ha llegado el día, en que no necesite
pensarte al menos una vez más de las
ya lo hago, y todo, por la necesidad
de no perder el rastro de tu vida, nada más.
Hoy de nuevo, mi abecedario está lleno
de sentido, y compongo razones a falta
de esa fuerza para hacerte realidad,
la misma que sin ti, ausente no encuentro.
Más cerca de ti me siento mar adentro,
y me abandono al mecer de quien me quiere,
sin pedir más que lo que nadie me debe,
espero no deberme nada, espero al fin tenerte.
algo menos que el esfuerzo de enebrar
la aguja cada día, para coserme a ti
y prenderme a la solapa de tu ilusión.
Te dedico el silencio de mis paseos, el
paseo de nuestras voces que no callan,
y este tiempo de hoy, que muy a mi pesar,
no puede comprar ese futuro cierto.
No ha llegado el día, en que no necesite
pensarte al menos una vez más de las
ya lo hago, y todo, por la necesidad
de no perder el rastro de tu vida, nada más.
Hoy de nuevo, mi abecedario está lleno
de sentido, y compongo razones a falta
de esa fuerza para hacerte realidad,
la misma que sin ti, ausente no encuentro.
Más cerca de ti me siento mar adentro,
y me abandono al mecer de quien me quiere,
sin pedir más que lo que nadie me debe,
espero no deberme nada, espero al fin tenerte.
viernes, 2 de septiembre de 2011
A mi hija Sara
Seguro que te echaré de menos, más que
a mi mismo, ya no podré buscarte para
mirarte y encontrarme, ni descansaré
tranquilo sabiendo que desordenas tus
cosas en otra habitación.
Al menos me queda la intención de
saberte feliz, devorando los días como
si estuvieran aún por llegar, atrapando
los momentos al temblor de tu cuerpo,
y naciendo cada día.
Saber que te espera lo que no esperas,
es comulgar con la vida, es despistar a la
monotonía, es regalarte la palabra esperanza,
es despertar a la ilusión que hace tiempo
duerme bajo tu almohada.
Al café de la mañana pídele de todo, al
bajar las escaleras, subirlas con ganas,
a las preguntas, sonrisas, a las respuestas,
batallas ganadas, a los recuerdos, tu reposo,
a tus ojos, esas miradas.
Mañana tocará otra cosa, quizás saltar
otra muralla, o meditar en la noche a la orilla
de la mañana, pero lo de hoy es tu palabra,
tantas veces en puertas de nada, lo de hoy,
es tu vida y mi esperanza.
Nos dijimos adios en el aeropuerto, nos
regalamos, miradas, abrazos y besos,
no se que me pasa, que en las despedidas
siempre me echo de menos, sobrevivimos a
este jueves, que venga si quiere el invierno.
Te quiero
a mi mismo, ya no podré buscarte para
mirarte y encontrarme, ni descansaré
tranquilo sabiendo que desordenas tus
cosas en otra habitación.
Al menos me queda la intención de
saberte feliz, devorando los días como
si estuvieran aún por llegar, atrapando
los momentos al temblor de tu cuerpo,
y naciendo cada día.
Saber que te espera lo que no esperas,
es comulgar con la vida, es despistar a la
monotonía, es regalarte la palabra esperanza,
es despertar a la ilusión que hace tiempo
duerme bajo tu almohada.
Al café de la mañana pídele de todo, al
bajar las escaleras, subirlas con ganas,
a las preguntas, sonrisas, a las respuestas,
batallas ganadas, a los recuerdos, tu reposo,
a tus ojos, esas miradas.
Mañana tocará otra cosa, quizás saltar
otra muralla, o meditar en la noche a la orilla
de la mañana, pero lo de hoy es tu palabra,
tantas veces en puertas de nada, lo de hoy,
es tu vida y mi esperanza.
Nos dijimos adios en el aeropuerto, nos
regalamos, miradas, abrazos y besos,
no se que me pasa, que en las despedidas
siempre me echo de menos, sobrevivimos a
este jueves, que venga si quiere el invierno.
Te quiero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)