viernes, 25 de mayo de 2012

Atado


Atado a lo tuyo, a lo mio, a todo, al paso del tiempo en el lodo, a las promesas vacías y a los días llenos sin nosotros, a los despojos de ilusiones marchitas, a los deseos sin antojos.

Atado a los mirares ajenos, a las caras sin rostro, a la memoria de unos pocos y al olvido de casi todos, a los paseos en la soledad del domingo, al abrigo del frío en agosto.

Atado a las promesas a vuelta de camino, al dolor de otros, a la esperanza frágil que a veces se escapa, a ese amigo perdido dos dias despues.

Atado al revés de como debes, a esa forma sin modo, a la fiesta de otra ciudad, a la primavera  en otoño,  al placer del antes de todo, al olor de aquella noche saciando nuestra sed.

Atado a la desnudez que vendrá,  al ser feliz por unos dias, tal vez, al atardecer cuando dormía,  al anochecer entre dos aguas, a la mentira de una verdad.

Atado a una piel ya acariciada, al mudo recuerdo, al silencio del ruido al caer, a ese abrazo a un después,  a la delgada línea que divide el horizonte, al quiero sin puedo, al cuando sin donde.

Atado a la cobardía de entonces, al valiente que no habita en mi, a los amigos perdidos para siempre, y a los que abandoné en los caminos, al infinito, a la eternidad.

Atado a la marchita vanidad,  a las dudas, a las duras y a las maduras, al perezoso, a cien poemas y alguna canción, a la inoportuna inspiración con la mujer de otro.

Atado a las letras con su música, a las huidas de mi ciudad, a la tempestad y los terremotos de un corazón desbordado, al mercenario que soy de una guerra en paz.

Atado al silencio en soledad, a esas noches eternas a falta de sueños, al cansado de esperar, a las flores arrancadas, a las huellas en el cielo.

Atado al desamor, al temor de tu mirada, al soplo de mis cenizas, a las despedidas largas, al olvido, atado al tormento de mi sentido, atado a mi, atado a mis palabras.

lunes, 23 de abril de 2012

Cuatro amaneceres

Me quedo contigo siempre, y a pesar de todo,
con tu cercana distancia hecha trizas ayer mismo,
con unas palabras mal dichas al borde del abismo,
y la desnudez de cuatro amaneceres a tu lado.

Me quedo con tu apellido prendido al mio,
vagando junto a nombres que nunca nacerán,
con esas sonrisas sobradas de intimidad,
y esas palabras que buscaron tu comprensión.

Me quedo con la pena de no ser como quisiera,
con tus gestos, y el tiempo en primavera, con
haber dibujado el camino de regreso en verano,
y vencer mis miedos, contando nuestros pasos.

Me quedo con ese atardecer al alba, y con
la pereza que me regaló la vida a tu lado,
con el sabor de unos dedos que te escarbaron,
y con el primer sorbo de ti, al vencer la noche.

Me quedo con el sueño roto, con mis reproches,
y con los restos de humedad en nuestros cuerpos,
con el dolor de aquello que se acaba, y con el
último de nuestros silencios con tinte de amargura.

Me quedo con las carreteras estrechas, las dudas,
el silencio en la plaza de un pueblo a medio habitar,
la compañía de una canción que habla de soledad,
y el frío de una chimenea que no pudimos encender.

Me quedo con tu pasión que no dejé de sentir,
con mi locura y  las ganas de volverte a vivir,
me quedo con la esperanza que algún día ha de ser,
con aquella promesa, que no te pude prometer.

martes, 3 de abril de 2012

Entre ellos

Entre ellos y por unas semanas, viví
atado a la melancolía de unos años que
ya no volverán, entre ellos he sufrido y
amado como sin  que lo supieran, me
he roto por dentro y por fuera, para
siquiera intercambiar cuatro palabras
de esas que tanto gasto.

Duchas entre un glamour tendido y
lavado, y con la sonrisa de un hombre
que ya no huele a juventud, he cocinado,
y compartido entre migas y cacharros,
comida de tres días, pizzas del siguiente
sábado, y lo peor siempre por venir, y
lo mejor, ese azúcar salado con sabor a
vitaminas A, B y C.

En Babel se friegan platos con champú
al huevo. He acariciado sonrisas, he
besado abrazos, y me han servido en
bandejas de barro, un café con mil
sonrisas y un bizcocho con sabor a
asado. He compartido algo más que
un piso, con seis locos a diario, y los
viernes ciento y tantos, hemos jugado
al parchís sin hachís, sin porros y casi
sin tabaco, juventud perdida dicen?,
pues como la de antaño, como siempre
y siempre ha sido y ha de ser, unos
viviendo y otros criticando, más bien,
puta envidia cochina de algunos
trasnochados.

Hoy en Berlín hizo frío, más frío que
aquel verano, y volví a Madrid ese
jueves, y a mi hija Sara, la dejé en
sus brazos, ya me toca cama caliente,
y un baño a treinta y seis grados,
primer plato segundo y postre, y
otro postre de vez en cuando, pero
quien tuviera trigo en la piel, miel
en los labios, años en la mochila,
futuros lejanos, seiscientos euros
por mes, meses a diario, amores
de dos noches, noches de tres años,
quien tuviera vecinos como estos,
en cualquier lado.

viernes, 23 de marzo de 2012

Decir adiós

Hoy el día anda medio gris, como se
corresponde y corresponde ser, frío
como el norte o como el desamparo,
y tú tan solo a nada de mi, me das tu
sabor con un beso de la noche pasada.

Que distinto el amanecer que no queda
lejos, el día que ya pasó, y la miel que
endulzó las yemas de mis dedos,
que ayer perdidos andaban buscando
el norte por el laberinto de tu piel. Que
distraída la aurora que no clareó sobre
los tejados de esta ciudad, y que golfa
esa hora en que una copa de vino soltaba
amarras rumbo al infinito de tu cuerpo,
y que lujuria beberme mi sed a besos.

Hay vida entre otras vidas, pero en ese
universo de dos, sobraron todos menos
nosotros, ahora todo pasó y el olvido
se me escapa por la boca, como el
miedo en un salto al vacío, y después
la nada, y todo fue pero ya no es, y las
horas aceleran el paso para llegar a su
cita con el reloj, y puntualmente venció el
tiempo, en que tuvimos que decir adiós.

jueves, 8 de marzo de 2012

A ellas

No sabía que hoy es vuestro día, tan solo se, que vosotras estáis en todos los días de mi vida.

viernes, 24 de febrero de 2012

Sucedió en Escocia

a un puñado de días con mi hija María Elena...

Sucede a veces y tuve esa sensación después, que uno camina descalzo por la vida, que la sientes bajo tus pies y a tus pies,  y que esa  fuente de alivio no se agota y a borbotones te alborota, que las horas se hacen cortas y los días eternos, y que aún no acabó ese invierno de treinta días ni ese recreo de placer, que ese orgasmo remueve tus vísceras y que nada importa, que podrías escribir mil idioteces en solfa, saltar sin levantar un palmo, y hasta escuchar la música bailando que en mí ya es decir, y caer rendido un día más abrazado a ella. 
Sucede a veces y tuve esa sensación después, que en nuestro viaje derramamos lágrimas de dicha que hoy navegan, por el Lago Ness

lunes, 6 de febrero de 2012

Apagué la luz

Apagué la luz, para sentir tu presencia
y olvidar tu ausencia de tantos días,
hacer de tu compañía un instante especial.

Apagué la luz, para ocultar mi mentira y tu verdad,
y disfrutar a solas del sabor de tus recuerdos,
para redimir los placeres despiertos de aquel día.

Apagué la luz, para hacerte mía y presente, y
achicar distancias entre mis deseos y tu cuerpo,
y poseerte hasta donde pudo mi imaginación.

Apagué la luz, para abrír veda a mi lujuria insaciable,
y dar rienda suelta a mi pasión aturdida,
para disfrutar más que nunca de lo imposible.

Apagué la luz, para no agredir a mis ojos,
y echarte en falta una vez más, y llorar,
para eso y para mucho más, en la oscuridad.

Apagué la luz, para hacer mío éste milagro,
y sentirte de vuelta a puerto, sin novedad,
para calmar mi ansiedad que no promete.

Apagué la luz, para sentir tu presencia hoy,
porque hace ya que no eres mía una eternidad,
y a estas alturas, solo me queda el pasado.

Apagué la luz, y se hizo de día.