martes, 18 de junio de 2013

Mi última mentira y mi primera verdad.

Fue en un bar de muerte mala donde las
hadas nunca quedaban, donde los cuentos
siempre empezaban, donde empobrecen los
amaneceres, los vicios se enriquecen y
el sueño es incapaz de soñar.

Fue en ese lugar sin desvelar, donde mi
última mentira y mi primera verdad tomaron
ese café envenenado, donde el reproche y 
el pecado pactaron mi novena penitencia y
la felicidad hizo aguas en mi conciencia.

Fue en este ahora sin respuesta, donde
cumplí condena en tercer grado, donde 
al recuerdo le sobra el pasado y hasta el
amor muere en cuarentena. Fue como la
última cena de un primer día, como estas
líneas si les sobrara alegría.

Fue, como restar la ansiedad a los juegos
de mi infancia, como olvidar el sonido de 
mi silencio, como girar en torno al cielo y 
deshojar tu risa loca, como explicar a la 
razón la locura de tu próximo adiós.

Fue como una noche de más de dos, y nadie
salvo tu propia ausencia, como un cuerpo sin
rostro y con rasgos de mujer, como el tiempo
que te arrastra a leer los renglones de este
fracaso de tinta, como a mil años si le faltan
los días.

Fue en un bar de mala muerte donde extrañas
tus caricias, donde se ausentan los ausentes, 
donde se refugia la desidia, donde envejece 
la suerte, donde te niegan lo que pidas, donde
desde el rincón de siempre, amaneces con la 
noche y anocheces con el día.