martes, 13 de noviembre de 2012

Mis trece años

Diez de pipas en los bolsillos, pantalón corto,
calcetines bajados, para merendar pan con aceite
y azúcar, para cenar las sobras del sábado, para
vivir, mis trece años.

La sombra sombría de un interior,  la luz encendida
del comedor, por los patios las radios gritando,
el agua caliente en un barreño, medio cuerpo lavado,
la hora de comer un jolgorio, la compra de mercado,
la siesta sagrada de mi padre, en invierno y en verano.

Los juegos, de calle y sudando como había de ser,
las rodillas con barro, las escaleras de cuatro en
cuatro, las mentiras al día, el pavo aún lejano, las
chicas prohibidas, los sueños alborotados, aquella
novia que nunca abracé, mi deseo más deseado,
hubiera cruzado el mundo por besarla, y nunca la
besé después de haberlo cruzado.

Estudios de ninguna esperanza, aprendiz sin el
bachillerato, las tentaciones de una revista abierta,
noche a noche me fueron mojando.
Los domingos pellas sin misa, los viernes
en fila al confesionario, los pecados de mis
desahogos, jamás fueron confesados.
De vuelta a casa dos besos, y a dormir más que
apretados, mis vicios menos compartidos, nunca
lo fueron con mis hermanos.

Y después de aquello hoy me confieso, a ningún
Dios ni a sus becarios, bastaron diez minutos frente
a un espejo, para volver a mis trece años.