miércoles, 4 de diciembre de 2013

A destiempo


Fueron dos horas de placer que nunca
tendrán olvido, no supe de ti, salvo que
jamás me encontraste, que tan solo
buscaste un cuerpo con quien saciar tu
devoción, y te amé como si te amara
desde entonces, como si me importaras
desde siempre, como si fuéramos el uno
del otro y sin embargo, el sol te hubiera
negado mi próximo amanecer.

Después me extrañaste cuando yo no lo
esperaba, y tu mirada abrochada a mi
espalda despertó mi deseo dormido,
las mil caricias cegaron los cinco
sentidos, y nacieron los acordes de mi
siguiente canción. Aprendí por fin, que
puedes morir de amor, y sin querer me
puse a pensar y queriendo me puse a
escribir, estos espesos versos que me
insultaron el resto de la noche.

El tiempo a veces, solo a veces, siento
que no es mi tiempo.

No hay comentarios: