jueves, 25 de agosto de 2011

Sin gloria y sin pena

Poco a poco todo vuelve a ser como era,
el tiempo pasa sin gloria y sin pena
y sucumbes a la bruma de la rutina templada,
que te aplasta como el sol ardiente
en una tarde sin sombra, la gente
sigue donde estaba, y todo igual que antes
te recuerda que el precio por volver, es la
indolencia y el precio por no amar,
no pensar, no ser.

A veces te das por vencido, y en ese suicidio
muriendo, vivimos el mas dulce de los sueños,
del que nunca quisieras regresar. Luces,
cantos de sirena y campanas que no suenan
te despiertan, y en nombre del olvido
te roban del recuerdo, lo que
un día te dieron a probar.

2 comentarios:

Ene dijo...

Las tardes sin sombra para resguardar el corazón pueden ser letales.

Un saludo, Antonio.

Jorge Encinas Martínez dijo...

Haces poesía de la rutina y el hastío.

Un abrazo